Los vertiginosos cambios que las Tecnologías de la Información y la Comunicación sufren en estos tiempos nos obligan a repensar, con toda seriedad, nuestra labor docente.
Hasta la década de los noventa, era muy común remitir a nuestros estudiantes a la Biblioteca Escolar o a la compra de algún libro de texto que apoyara nuestra tarea en las aulas. Hoy en día, todo parece indicar que las bibliotecas de nuestros centros escolares están condenadas a morir por la creciente ausencia de lectores.
No se trata de sucumbir ante las innovaciones tecnológicas pero no es preciso recurrir a kilométricas argumentaciones para comprender que las nuevas generaciones de estudiantes han tomado la libre determinación de consultar en otras fuentes y gradualmente, desde los albores del presente siglo, fueron tomando distancia de las bibliotecas tradicionales.
Ante la contundencia de esta realidad cotidiana, que no es privativa de las escuelas privadas sino que se ha extendido con inusitada fuerza en la inmensa mayoría de las escuelas públicas, lo que nos queda es adaptarnos, de la mejor manera posible, a esta escalada tecnológica que ha venido a modificar, drásticamente, la forma tradicional de compartir los conocimientos.
De ahí la importancia de apelar a la Web 2.0 para convertir nuestro quehacer docente en una actividad que despierte el interés de los jóvenes que cursan el nivel medio superior y que nacieron en una época en que las máquinas de escribir y las reglas de cálculo forman parte de la edad de la piedra.
Por ello, es de particular importancia abrir la discusión en todos los foros posibles para que quienes participamos en la especialización en Competencias Docentes, ya sea como asesores, como tutores o como estudiantes, reflexionemos con detenimiento y alta responsabilidad sobre las grandes transformaciones que están ocurriendo a nuestro alrededor para que no caigamos en el gravísimo error de ejecutar operaciones con el ábaco cuando ya nuestros jóvenes operan con destreza inigualable un computador portátil o se comunican en tiempo real a velocidades increíbles.
Esforzarnos por la actualización docente es, pues, desde mi perspectiva, no una moda ni una exigencia de las autoridades educativas de nuestro país sino una condición inevitable para garantizar nuestra sobrevivencia.
sábado, 10 de abril de 2010
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